Hace ya un año que cambié de trabajo. Después de mi paso fugaz de 9 meses por el mundo del textil, aposté por una empresa familiar, y aquí sigo.
Corría el mes de marzo de 2007, cuando dejé (prematuramente) mi trabajo en una asesoría fiscal y decidí volver a la “empresa“. Una oferta muy interesante en lo que pensé era una gran empresa tuvo la culpa. Poco tiempo después de llegar, cuando la “niebla” de los problemas del día a día, me dejaron ver la realidad en la que me encontraba, empecé a dudar de mi futuro profesional ligado a esa empresa. Mi contrato inicial era de 6 meses, pero el vencimiento quedaba algo lejos y mi mente solo pensaba en estar fuera de ese proyecto.
Probablemente mi perfil personal y profesional no encajaba en este tipo de empresa. Suelo ser demasiado transparente en mi forma de ser, y el propietario de la empresa conocía mi negativa a continuar en el puesto, aun así decidimos renovar por 3 meses, para que la empresa tuviera tiempo de buscarme un sustituto en condiciones, cosa que nunca sucedió, y por mi parte buscar un nuevo empleo.
Por mi mente en esa época, rondaba la posibilidad de hacerme autónomo y crear mi propia “asesoria”. Contabilidad a pequeña escala, impuestos, revisiones contables, análisis de balances, etc. Una franquicia ayudó a dar más ilusión al proyecto, aunque las clausulas del contrato, demasiado restrictivas, dieron al traste con esa opción… pero no con la de montar algo por mi cuenta
Varias entrevistas y finalmente me decanté por volver a la empresa familiar, de la que guardo los mejores recuerdos profesionalmente hablando claro. Hasta la fecha estoy contento con mi elección. He encontrado la estabilidad y tranquilidad que necesitaba y mi trabajo se valora.
Espero que esta relación dure muchos años.



