Esta semana llega la crónica de la salida ciclista con un poco de retraso, pero aquí va…
La mañana empezó con prisas, ya que habíamos quedado a las 8:15h en la estación del Cabañal, para tomar un tren de cercanías, que nos acercaría a El Puig. Como suele ser habitual, el despertador del sábado “no funcionó correctamente” o igual fui yo que me quedé atrapado entre las sábanas. El caso es que con los ojos medio cerrados me puse la indumentaria de ciclista lo más rápido que pude y recibí una llamada de Carlitos diciéndome que el tren salía a las 8:30h y no esperaba, así que a correr tocaba, tanto que cogí bocadill, bebida y demás cosas, pero me dejé mi “ordenador de bicicleta“, así que esta semana no hay datos técnicos del trayecto. Al final, por cuestión de 1 minuto llegué a la estación y pudimos subir tranquilamente al tren, no sin un pequeño traspiés para seguir el día.

Poco después de 10 minutos llegábamos a El Puig. Lo que nos hubiera costado 1 hora pedaleando en el llano, y con el consiguiente cansancio, se convirtió en un paseo comentando la posibilidad de hacer el Camino de Santiago, y cómo nos iban las cosas. La ruta prevista era subir a la Cruz del Picayo, y al Pico del Águila para volver a casa. Los integrantes de la expedición, Carlitos, Piqueras y el que suscribe.
El llano nos sirvió para calentar las piernas y al rodar a un ritmo lento, seguimos con los comentarios de cómo nos van las cosas. Piqueras hacía 1 mes que no venía y no se notaba muy cómodo en la bicicleta. Antes de entrar en la urbanización Alfinach primera parada técnica para inflar las ruedas de las bicicletas.

Pasamos la urbanización Alfinach, y Piqueras empieza a quedarse un poco atrás; la urbanización Los Monasterios, y empiezan las primeras rampas y aunque rodamos a ritmo lento, José Manuel sigue rezagado; dejamos la zona urbanizada y nos llega el gran desnivel de la jornada, tanto que en ocasiones hay que bajarse de la bici y empujarla. Carlitos es el único que puede subir dando pedales, yo paso las primeras cuestas, pero me rindo ante la evidencia, este desnivel es demasiado para mi. Carlitos baja a repescar a Piqueras, mientras yo empujo la bicicleta y llego al primer llano de la montaña. Tiempo para beber y continuamos la ascensión hasta la Cruz del Picayo. Piqueras ya nos dice que no le van las piernas, y yo hago lo que puedo cuando las cosas se ponen más cuesta arriba. Al final, algo de solidaridad por necesidad…

Tras mucho esfuerzo alcanzamos la Cruz del Picayo, una foto para el recuerdo, tiempo para reponer fuerzas, y una vista “aerea” de la continuación de nuestro camino. La gente con la que nos hemos cruzado nos dice que es todo de bajada, así que allí vamos, dirección a Gilet.
Bajamos nuestros últimos tramos de ascensión, y de pronto vemos que no es todo bajada, aunque la ascensión es muy ligera, prácticamente un llano, que a Piqueras no le parece lo mismo, lleva ya un tiempo sufriendo, pero en apenas unos minutos la carretera deja de ascender y comienza un gran descenso, primero por carriles de tierra a través de la montaña, con curvas cerradas que se amoldan a las laderas de la montaña, y de nuevo zona urbanizada. Carlitos, por supuesto baja a su marcha, y Jose Manuel y yo a nuestro ritmo.
Callejeamos por Gilet buscando el camino del Pico del Águila, pero si está tan mal Piqueras no vale la pena continuar con la tortura, así que tomamos la dirección al Coll de la Calderona, que aunque tiene unas rampas con pendiente ligera, siguen siendo un suplicio para Jose Manuel, así que poco a poco y con calma que tenemos tiempo.
Al fin coronamos, y llegamos al descenso. Yo que no suelo disfrutar con esto, hoy me siento con fuerzas y confianza al conocer el camino, así que intento seguir a Carlitos, que viéndome decide esperarme.
Llegamos a nuestro “restaurante“, y tomamos nuestro ansiado bocadill y una taronja (naranja). Piqueras al fin se rinde y nos dice que hace la vuelta en tren.
Carlos y yo nos ponemos las pilas, y sin bajar de los 20km/h en unos 50 minutos nos plantamos en casa.
Esperemos que el próximo día podamos subir también al Pico del Aguila a la vuelta. Es la primera vez que me encontraba con fuerzas para algo más (a pesar de haber tenido que empujar la bicicleta un par de veces), aunque de haber sido de otro modo, la vuelta tendría que haber sido más lenta seguro.
Hasta que consiga otra forma más elegante de hacerlo, las imágenes las podéis encontrar en: http://picasaweb.google.com/mangel.pelegri/Blog
Hasta la próxima.
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